martes, 18 de mayo de 2010

EL GUION DE TEATRO Y SUS TECNICAS DE MONTAJE

LECTURA FRAGMENTO DE UN DRAMA: MI TIERRA SIGLO XXI (Fragmento)
PERSONAJES: (14) Dos parejas danzarines, vestidos de astronautas con cascos y caretas antigás, tanques de oxigeno y aparatos de radio; Una pareja de rockeros, un automovilista; un Leñador; una pareja vestidos de médicos; un par de cucarachas; un payaso; una pareja de esqueletos.
ASTROANUTA I: Somos habitantes del planeta tierra... Siglo XXI, observan bien lo que queda de tanta belleza... paisajes que inspiraron a poetas y pintores hoy son letra muerta y vacía, recuerdo de viejas grandezas. (Los cuatro se desplazan por el escenario con pasos de ballet.).
ASTRONAUTA II: No hay pájaros, animales ni agua fresca... la contaminación destierro ese paraíso que entre follajes de esperanza cantaba sonetos de frescura y pureza. (Vuelven a danzar pero esta vez en cámara lenta).
ASTRONAUTAS I-II) Teníamos hermosos bosques donde el aire con susurros musicales acariciaba nuestra sensible piel (los señala). (Música, los dos personajes bailan como locos)

El teatro es una forma literaria que pertenece al género dramático. Se define como el arte de representar acciones por medio de la expresión corporal, la mímica y la palabra hablada. Tuvo su origen en antiguos ritos religiosos. Formas básicas: comedia, opera, tragedia, opereta, marionetas, títeres, zarzuela, sainete y mimos.
El drama como género literario es un texto que se escribe con el objetivo de ser representado ante un público, por unos actores. Se ubican dos tipos de textos:
TEXTO DRAMATICO: escrito por dramaturgo, en el se especifican los elementos necesarios para la puesta en escena. Características: el diálogo directo, se desarrolla a partir de actos y escenas (situaciones conflictivas), el empleo de acotaciones (indicaciones que sugieren entradas, salidas, tonos de voz, expresiones, ademanes y vestuario).
TEXTO ESCENICO: Montaje del testo dramático, realizado por los actores y/o el director. Características: aparte de las mismas del texto dramático, aparecen elementos como: la expresión corporal, representada en los gestos, ademanes y desplazamientos; la expresión plástica, que es el conjunto de posiciones corporales para producir figuras o efectos de colores; otros recursos plásticos no corporales como la luz, el maquillaje, el vestuario y la escenografía. En el teatro contemporáneo se incluye además la gimnasia, la danza, el cine y el circuito cerrado de televisión.
TECNICAS DE MONTAJE:
1. Seleccionar la historia, fragmento narrativo con mucha acción en el que se combine la expresión verbal y la no verbal.
2. Leer o narrar la historia al grupo, enfatizando los diálogos y cambios de escenas.
3. Reconstruir la historia resaltando los elementos más importantes, las personas, los lugares y los hechos.
4. Hablar de los personajes, como son, como se comportan, los rasgos más relevantes.
5. Ensayar el papel de los personajes.
6. Trabajar una escena.
7. Definir la escenografía.
8. Hacer el reparto.
9. Realizar los ensayos.
TRABAJO: A partir de la lectura de la novela del Lazarillo de Tormes, escribr un guión y montarlo en teatro.

LA COHESIÓN LÉXICA

LECTURA DE ENTRADA: TERRORISMO (NPI pág. 159)

Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hacemos nosotros a ellos. Y vice-versa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Y depende también de qué tan fuerte o tan débil sea cada cual. El que tiene un bombardero, bombardea. El que sólo tiene una bomba, pone bombas.
Lo primero, lo de ellos y nosotros, lo ilustra una frase reciente de Kofi Annan, que en su calidad de Secretario General de las Naciones Unidas, tan enemistadas entre sí, está crucificado en los contradictorios maderos de su organización. Dijo Kofi Annan, en la discusión sobre la definición de la palabra terrorismo: "El terrorismo del uno es el 'luchador por la libertad' del otro".
Lo segundo, lo de la relatividad del poder, lo ilustró hace 15 siglos San Agustín con una anécdota de casi 1000 años antes, referida a Alejandro Magno. Capturó este gran hombre a un miserable pirata, y le espetó indignado: "¿Por qué siembras el terror en el Golfo de Corintio?". Y le contestó el pirata (más o menos): "Y tú, ¿por qué siembras el terror en el mundo entero? A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmensa flota de navíos, te llaman emperador".
Es que no es fácil definir lo que es el terrorismo. ¿Por sus agentes? ¿Por sus fines? ¿Por sus métodos?
Sus agentes pueden ser el pirata o el emperador. La historia del mundo está plagada de piratas que, a fuerza de terror, acabaron siendo emperadores. El más poderoso —y por el momento el único— de los emperadores actuales, que es el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, es el heredero directo de unos señores hoy respetadísimos, porque triunfaron, que se llamaban Washington, Jefferson, Adams, Madison; pero que de no haber triunfado en la empresa de liberar eso que hoy son Estados Unidos, de la corona inglesa, hubieran sido ahorcados como terroristas: ponían bombas. Vladimir Puttin, el presidente de Rusia, llama hoy terroristas a los chechenos que buscan su independencia poniendo bombas. Aquí en Colombia, para no ir más lejos, este gobierno actual que dice combatir el terrorismo es el heredero de los que nosotros llamamos patriotas, pero en su momento fueron llamados bandidos por el gobierno español contra el que se levantaron hace casi dos siglos: los libertadores. Los cuales, a su vez, también son agentes de terror.
La palabra, en su acepción política actual, viene de los "gobiernos establecidos" por la Revolución francesa: "La Terreur", con mayúscula. Y des¬de entonces (y aun desde muchos milenios antes), el método ha sido usado por todos, en todas partes...
Y eso nos lleva a los métodos. Los romanos se quejaban, durante las guerras púnicas, de que los cartagi-neses usaran elefantes en las batallas terrestres, que aterrorizaban a sus le¬gionarios; y de que usaran escorpio¬nes en las batallas navales, que aterrorizaban a sus remeros. Pero ellos, a su vez, envenenaban los pozos de agua de las ciudades cartaginesas sitiadas. No hay métodos 'limpios' en la guerra: ni el avión suicida contra la torre, ni el cohete inteligente contra la cueva, ni el ántrax por correo, ni la bomba atómica por ordenador, ni los arcabuces con pólvora, ni las cerbatanas con dardos...
¿Y los fines, entonces? Tampoco ellos definen el terrorismo. No es más condenable ni maligno, en sí mismo, el fin de imponer la democracia occidental, que el fin de impo¬ner la ley coránica. Es cuestión de opinión. O de interés, naturalmente. O ellos o nosotros... Antonio caballero en revista Semana, Bogotá, '.octubre 200l.
La cohesión también puede establecerse entre palabras del texto. A esta forma de cohesión se denomina cohesión léxica.
Las relaciones semánticas entre el vocabulario que pueden establecerse en un texto pueden ser: la sinonimia, la antonimia la hiponimia la hiperonimia, las repeticiones. Sea el caso del texto:
Lo segundo, lo de la relatividad del poder, lo ilustró 5 siglos San Agustín con una anécdota de casi 1000 años antes, referida a Alejandro Magno.
Capturó este gran hombre a un miserable pirata, y le espetó indignado: "¿Por qué siembras el terror en el Golfo de Corintio? "Y le contestó el pirata (más o menos): "Y tú, ¿por qué siembras el terror en el mundo entero? A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmen¬sa flota de navíos, te llaman emperador".
En el fragmento, se menciona a Alejandro Magno como este gran hombre y emperador. Entre las dos palabras y el nombre propio existe una relación de sinonimia; los términos en el texto tienen un mismo significado: Alejandro Magno.
Ten en cuenta que los términos aparecen en oraciones diferentes, sólo así pue¬de hablarse de cohesión léxica.
También las relaciones entre palabras pueden estar determinadas por las rela¬ciones que se establecen entre la experiencia o conocimiento del mundo particular y los referentes de los términos en cuestión; sea el caso por ejemplo:
Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Y depende también de qué tan fuerte o tan débil sea cada cual. El que tiene un bombar¬dero, bombardea. El que sólo tiene una bomba, pone bombas.
En el fragmento anterior, se establece la siguiente relación: el fuerte / tiene bombardero / bombardea el débil /tiene bombas /pone bombas
Los lectores pueden comprender las relaciones si saben, por su conoci¬miento de la realidad, que la capacidad militar de un bombardero es mayor que la de una bomba. Así, si se tiene el conocimiento de lo que es una guerra, un bombardero y la diferencia entre poner una bomba y bombardear, en¬tonces pueden establecerse dichas relaciones.
LA SINONIMIA: Es la relación semántica que expresa la identidad, similitud o parentesco de significado entre elementos lingüísticos diferentes. Recuerda que en la lectura el escritor utiliza una anécdota acerca de Alejandro Magno para ejemplificar "la relatividad del poder". Pero para evitar la repetición del nombre recurre a la sinonimia: este gran hombre, utilizado en la segunda oración, y emperador, en la última. La relación sinonímica se establece entre las pala¬bras del texto.
LA ANTONIMIA: Es la relación semántica que expresa oposición o inversión de significado en¬tre elementos lingüísticos diferentes. Las palabras no representan valores opuestos absolutos sino que son conceptos relativos. En el fragmento del texto modelo, terrorismo aparece como opuesto de justicia: Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hacemos nosotros a ellos. Y viceversa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Esta oposición no se da en un plano literal sino en un nivel connotativo.
Mediante esta oposición, el escritor hace una crítica al manejo del conflicto por parte de Estados Unidos. La decisión de invadir Afganistán puede entenderse como un acto de justicia (desde el punto de vista norteamericano) o como un acto terrorista (desde la perspectiva del pueblo de Afganistán).
LA HIPONIMIA: Es una relación de inclusión semántica entre los significados de las palabras. La hiponimia expresa la relación incluido-incluyente. Por ejemplo, el significa¬do de la palabra bomba está incluido en el significado de la palabra arma. Sea el caso del texto modelo:
A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmensa flota de navíos, te llaman emperador. El significado de barquito está incluido en el de flota de navíos.
LA HIPERONIMIA: Es la relación incluyente-incluido, es decir, el significado de un término (inclu¬yente) abarca el significado de otro término (incluido). Sea el caso del texto modelo:
Y eso nos lleva a los métodos. Los romanos se quejaban, durante las guerras púnicas, de que los cartagineses usaran elefantes en las batallas terrestres, que aterrorizaban a sus legionarios; y de que usaran escorpiones en las bata¬llas navales, que aterrorizaban a sus remeros. Pero ellos, a su vez, envenena¬ban los pozos de agua de las ciudades cartaginesas sitiadas. La palabra métodos es el hiperónimo de elefantes, escorpiones y envenena¬miento de los pozos de agua. El término métodos incluye a todos los demás.
LA REPETICIÓN: Es la recurrencia en el texto de una palabra. En muchas ocasiones, la repetición tiene el propósito de dar énfasis, como, por ejemplo, la repetición de la palabra terrorismo en el texto. Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hace-mos nosotros a ellos. Y viceversa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos... Dijo Kofi Annan, en la discusión sobre la definición de la palabra terroris¬mo: "El terrorismo del uno es el 'luchador por la libertad' del otro".
En el fragmento anterior, en tres oportunidades se menciona di¬cha palabra. Además, aparece en el título y en párrafos posteriores. Ese uso reiterado del término no es casual, por el contrario, es intencional; mediante él, Caballero enfatiza en que su uso es relativo (y ambiguo) y depende de quiénes la utilicen como de la situación o el contexto en el que aparece.
CADENAS COHESIVAS: Gracias a nuestro conocimiento de la realidad y experiencia particulares, po¬demos establecer relaciones entre conceptos que, a su vez, determinan rela¬ciones entre palabras. Sea el caso del ejemplo que expuesto al comienzo: el fuerte / tiene bombardero / bombardea el débil / tiene bombas /pone bombas
Este tipo de relaciones resultan familiares y esperadas gracias a la conceptualización de la realidad. Sin embargo, a veces se establecen conexiones bastante inesperadas. Por ejemplo las relaciones léxicas que hace Caballero con la palabra terrorismo:
Sus agentes pueden ser el pirata o el emperador. La historia del mundo está plagada de piratas que, a fuerza de terror, acabaron siendo emperadores... Vladimir Puttin, el presidente de Rusia, llama hoy terroristas a los chechenos que buscan su independencia poniendo bombas. Aquí en Colombia, para no ir muy lejos, este gobierno actual que dice combatir el terrorismo es el heredero de los que nosotros llamamos patriotas...
Caballero establece relaciones inesperadas a partir del término terrorismo: pirata o emperador, independentistas, patriotas. Para comprender estas rela¬ciones no basta con el conocimiento que se tenga de la realidad, no es sufi¬ciente con conocer el significado de las palabras; hay que entender el contexto en que aparece el término, cómo se lo utiliza y la intención de ese uso.
En general, este tipo de conexiones inesperadas funcionan como procedi¬mientos retóricos o estilísticos. El escritor tiene la intención de cuestionar el uso que se hace de ciertos términos por parte del poder y, al mismo tiempo, generar en el lector una actitud crítica frente al lenguaje.
TRABAJO: Identifica la cohesión léxica por repetición en el siguiente fragmento. Determina la intención del narrador.

"El hombre empezó a correr por toda la calle y de pronto se detuvo para tratar de recordar hacia dónde corría; así que sin lograrlo siguió corriendo; durante toda la juventud no había dejado de correr. Corría cuando salía del baño. Corría cuando salía del colegio, corría cuando salía del cine, corría cuando salía del café y corría cuando entraba en el baño..."
Andrés Elias Flórez, La carrera, en Los perseguidos, Bogotá, Colección la biblioteca de Alejandría, 1997, pág. 11.
Determina la cadena léxica que se presenta en el siguiente fragmento aparecido en la revista Semana. ¿Cuál fue el conocimiento que necesitaste para establecer la relación?

Neil Armstrong no había pisado la Luna cuando la historia de Macondo y la familia Buendía apareció en los quioscos de Buenos Aires. El 5 de junio de 1967, salió a la venta la primera edición de Cien años de soledad. Después de entonces, la magia de este universo construido con mariposas amarillas, pescaditos de oro, muertos errantes, gitanos... ha hechizado a millones de lectores alrededor del mundo.

TÉCNICAS PARA EL ANÁLISIS LITERARIO - NORMAS ICONTEC

Todo trabajo dentro del proceso pedagógico debe cumplir con unas normas básicas; por un lado se debe respectar la estructura propia de cada área, teniendo en cuenta los desempeños a desarrollar y la aplicación de normas mínimas de presentación (ICONTEC). Para analizar un texto narrativo se recomienda identificar:
INTRODUCCIÓN: En la que se identifican los datos biográficos del autor
ANALISIS DE FONDO: Para lo cual se analizan: El tema, el argumento, el lugar o espacio, el tiempo (atmosférico y cronológico) y los personajes (principales, secundarios y ocasionales).
ANALISIS DE FORMA: Se centra a identificar: el género literario, las figuras literariasque se encuentran en el texto leído, la relación que guarda el título y el contenido y el vocabulario desconocido.
LAS NORMAS ICONTEC Y SU APLICACIÓN: Todo trabajo escrito, que se presente debe cumplir con unas normas minimas de presentación, las cuales estan detemrinadas por unas convenicones regionales. En nuenstro caso los colombianos nos regimos por las nomas ICONTEC, aunque algunos centros educativos de educación superior se siñen a las normas APA (Asociación de Psicologos Norteamericanos.
A continuación se esbozan los parametros generales de las normas ICONTEC
RECOMENDACIONES GENERALES: Todo trabajo se presenta en hojas de block tamaño carta; el interlineado es sencillo, después de un punto y aparte se deja un espacio doble; los títulos pueden ser de tres clases: primer nivel, segundo nivel y tercer nivel; los de primer nivel se escriben en mayúscula sostenida centrado a tres centrimetros del borde superior de la hoja; los de segundo, en mayúscula, contra la margen izquierda; los de tercer nivel en letra capital y seguido. Para iniciar un título de primer nivel siempre se inicia en nueva hoja. Todo trabajo consta de dos partes: preliminares y cuerpo de trabajo.
Preliminares: consta de: las hojas de guarda; la cubierta, la portada, la tabla de contenido, las listas especiales, el glosario, los anexos (si los hay) y la bibliografía.
Cuerpo del trabajo: Consta de la Introducción y la distribución por capítulos incluyendo las conclusiones

miércoles, 17 de febrero de 2010

EL ENSAYO FILOSOFICO

LECTURA DE ENTRADA: OBEDIENTES Y REBELDES
Acabé el capítulo anterior citán­dote la venerable opinión de Aristóteles: "el hombre es un animal cívico, un animal político" (lo cual no debe confundirse con que los po­líticos sean unos animales, como opinan algunos). Es decir, que somos bichos sociables, pero no instintiva y automáticamente sociales, como las gacelas o las hormigas. A diferen­cia de estas especies, los humanos in­ventamos formas de sociedad diver­sas, transformamos la sociedad en que hemos nacido y en la que vivie­ron nuestros padres, hacemos experi­mentos organizativos nunca antes in­tentados, en una palabra: no sólo repetimos los gestos de los demás y obedecemos las normas de nuestro grupo (como hace cualquier otro animal que se respete) sino que lle­gado el caso desobedecemos, nos re­belamos, violamos las rutinas y las normas establecidas, armamos un follón que para qué. Lo que quería decir Aristóteles, tan formalito co­mo creíamos que era, es que el hom­bre es el único animal capaz de su­blevarse... Qué digo "capaz": los hombres nos estamos sublevando a cada paso, obedecemos siempre un poco a regañadientes. No hacemos lo que los demás quieren sin rechis­tar, como las abejas, sino que es pre­ciso convencernos y muchas veces obligarnos a desempeñar el papel que la sociedad nos atribuye. Otro filóso­fo muy ilustre, Immanuel Kant, dijo que los hombres somos "insocial­mente sociables". O sea que nuestra forma de vivir en sociedad no es sólo obedecer y repetir, sino también re­belarnos e inventar.
Pero atención: no nos rebelamos contra la sociedad, sino contra una sociedad determinada. No desobe­decemos porque no queramos obe­decer jamás a nada ni a nadie, sino porque queremos mejores razones para obedecer de las que nos dan y jefes que ordenen con una autoridad más respetable. Por eso el viejo Kant señaló que somos "insocialmente so­ciables", no asociales antisociales sin más. Los grupos animales cambian a veces sus pautas de conducta, de acuerdo con las exigencias de la evo­lución biológica cuya orientación tiende a asegurar la conservación de la especie. Las sociedades humanas se transforman históricamente, de acuerdo con criterios mucho más complejos... que no sabemos cuáles son. Unos cambios intentan asegu­rar determinados objetivos, otros consolidar ciertos valores, y muchas transformaciones parecen provenir del descubrimiento de nuevas técni­cas para hacer o deshacer cosas. Lo único indudable es que en todas las sociedades humanas (y en cada miembro individual de esas sociedades) se dan razones para la rebelión. Tan sociables somos cuando obede­cemos por las razones que nos pare-válidas como cuando desobedecemos y nos sublevamos por otras se nos antojan de más peso. De modo que, para entender algo de la política, tendremos que plantearnos esas diversas razones. Porque la política no es más que el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse... (Fernando Savater, Política para Amador)
El ensayo no es un ar­tículo, ni una meditación, ni una reseña bibliográfica, ni unas memorias. Un ensayo puede ser cualquier cosa o varios de los anteriores". Se sabe que el ensayo se presta a todo tipo de materia: ciencia, periodismo, literatura y, ahora, filosofía. ¿Qué tienen en común estos tipos de ensayo? Podría decirse que varias cosas: un tono personal (subjetivo), un enfo­que argumentativo y un propósito persuasivo.
El ensayo filosófico, paara Muchos es "el ensayo por excelencia", ya que el género ensayístico nace con los antiguos y clásicos filósofos griegos y romanos como una combinación de la oratoria y la epístola, es decir, como una fusión de discurso persuasivo y comunicación intimista, familiar. Pero, aunque hoy el ensayo no se reduce al servicio de la filosofía, sin duda es fiel al ejercicio filosófico mismo, entendido como la práctica del discernimiento, es decir, co­mo la puesta en acción de la inteligencia que reflexiona, medita.
Características del ensayo filosófico
Tratamiento trascendente del tema: el asunto de que trate el ensayo fi­losófico es secundario, es decir, cualquier tema es válido. Lo que da carác­ter a este tipo de ensayo es la manera como se enfoca o se trata dicho te­ma. El tratamiento filosófico de un contenido supone una perspectiva trascendente, esto es, que abarque lo esencial, lo que está más allá de las apariencias. Se accede a los grandes problemas que preocupan al ser humano: la vida, la muerte, el amor, la justicia, el poder, Dios, la verdad, la convivencia.
Argumentación lógica: aunque pueda parecer una obviedad, el ensayo filosófico fundamenta su discurso en una cuidadosa lógica argumentativa. El pensamiento filosófico opera casi como un lenguaje matemático. El or­den y la relación entre las ideas deben ser sumamente claros y coherentes. Se opta por una estrategia argumentativa según la exigencia del tema y, también, según la propia forma de pensamiento: inductiva, deduc­tiva, dialéctica.
TALLER DE APLICACIÓN: A partir de la lectura del texto la profescia de Sócrates (Véase wshspc.blogspot.com), Elabora un ensayo filosófico.

EL ENSAYO CIENTÍFICO

LECTURA DE ENTRADA: LA VIDA DERRAMADA
Una rata almizclera, Ondatra Zi-bethica Zibethica (Linneo, 1766), cayó en nuestro estanque. El pozo es-taba vacío, a excepción de un peque­ño charco formado por el deshielo in­vernal. Trataba de abrigar su piel parda contra un rincón, mientras me miraba con sus ojos salvajes y asusta­dos, y su cola desnuda y. enlodada permanecía quieta. Antes de que pu­diera encontrar un instrumento apro­piado para sacarla de allí, un vecino que pasaba (poco familiarizado con los roedores seguramente) concluyó que se trataba de una rata gigante, tan sanguinaria como un tigre y tan infecciosa como una plaga hospitala­ria. Tornó a casa por su escopeta y disparó sobre el animal hasta reducir­lo a un bulto amorfo del que sólo se distinguían las patas traseras y los dientes pelados. Había sangre en las paredes y en el fondo del estanque; aquel bulto era una masa sanguino­lenta, y el charco se había convertido en un pequeño mar rojo. La cacería había terminado, y yo tenía que afrontar las consecuencias. El género humano se divide en cazadores y... aquellos que tienen que pagar los pla­tos rotos.
Sepulté el cadáver del intruso bajo los abetos del jardín y limpié con un trapo la pista de tiro. Puesto que el estanque carecía de drenaje, la lim­pieza se convirtió en un ejercicio de persecución de la sangre, tan emocionante como escuchar la Sinfonía del adiós de Haydn, con la aguja que en el mismo surco. De modo que me puse a reflexionar acerca de la sangre La sangre no consistía tan sólo en materia desagradable que, en condiciones normales, permanecía dentro de la rata; era también su secreto de vida vertido hacia fuera. (...)
La rata había sido lanzada a tierra de cualquier modo desde su mar interior. Millones de glóbulos rojos se coagulaban y desintegraban, al tiempo que las moléculas de hemoglobina eran incapaces de discernir cómo y dónde transferir sus cuatro moléculas de oxigeno. (...) Entre la maraña de proteínas de desintegración había glóbulos blancos, vivos tan vivos como las células que vemos a través de un microscopio. (...)] Millones y millones de glóbulos blancos naufragaban en ese breve océano que se enfriaba, en el cemento, en el trapo, en la exprimida piel de la rata. Confundidos por la desacostumbrada temperatura y la concentración de sales, carentes de signos adecuados y sin el palpitar del endotelio vascular, permanecían pese a todo vivos y a la búsqueda de lo que estaban destinados a buscar. (...) Y aquí y allá, una célula mustia se dividía para dar origen a dos nuevas células últimas a que daría origen.
A pesar de las pérdidas considera­bles estas inagotables tropas de defensa continuaban protegiendo la rata contra la arena, el cemento, el yeso, el algodón y la hierba. A nombre de una identidad ya sepultada bajo los abetos, libraban lo que sería su última batalla.
La vida multicelular es compleja; la muerte celular también. Lo que se conoce como la muerte del individuo, y que se define como el cese de la actividad del corazón (o la pérdida de las funciones cerebrales, para decirlo con más precisión), no significa la muerte del sistema que resguarda y asegura su individualidad. Debido a las células de este sistema (los fagocitos y los linfocitos), la rata estaba aún, en cierto sentido, correteando por el estanque en busca de sí misma (…)
La simple sangre derramada muestra que no ocurre una sola muerte, sino un cúmulo de pequeñas muertes de diversos grados e importancias. La oscura escena del final es tan espe­cial y prolongada como la oscura es­cena del principio, cuando una célu­la macho y otra hembra comienzan ese proceso de divisiones y diferen­ciaciones hacia células y tejidos, la activación de cierta información he­reditaria y la represión de otra, los millones de orígenes y finales, de lle­gadas y partidas. (Miroslav Holub. Bogotá, Taurus : 2000

El ensayo es un ejercicio que consiste en someter a verificación unas ideas o tratamientos que, en sí mismos, podrían no ser significativos o valiosos. En­sayista es, pues, quien sopesa y examina para llegar a nuevos descubrimientos. Sopesar significa medir pesos, tomar partido. Ensayar es también intentar aproximarse a una respuesta. El valor del ensayo no reside tanto encontrar una solución si no en recorrer un camino de demostración
Características del ensayo científico: Normalmente, se asocia el ensayo con la literatura. Sin embargo, esta consideración restringe demasiado las posibilidades de un género tan ampliamente útil en todas las disciplinas: literatura, filosofía, periodismo, ciencia, etc. El ensayo científico, considerado uno de los más interesantes y po­co frecuentes de encontrar en el medio académico.
Aspectos claves del ensayo científico:
El contenido o el tema: la materia o asunto de este ensayo tiene relación con la ciencia en su acepción más amplia: medicina, zoología, botánica, as­tronomía, física, etc. Se ocupa de lo ya demostrado o que está en vías de demostración. El propósito: según el tema y el estado en que se encuentre su conoci­miento, el ensayo científico puede proponerse: explicar, describir, compa­rar, refutar, cuestionar...
Las estrategias: un(a) científico(a) puede utilizar en un ensayo diversas formas de sustentar sus ideas: descripción, narración, exposición, compa­ración, explicación, refutación, etc. Entre los tipos de ideas a que puede re­currir están: razones, hechos, evidencias, conceptos, características, juicios, opiniones, etc.
La estructura: un ensayo científico puede concentrarse en organizar sus ideas en función del propósito, así: describe un fenómeno (define, caracte­riza, ejemplifica, compara, etc.); desarrolla un tema (explica, plantea secuen­cias, induce, deduce, relaciona, etc.); analiza un problema (explica, clasifica, compara, infiere, describe, etc.).
TRABAJO: A partir de los temas: el calentamiento del planeta, el virus ah1n1, el cáncer de mama, el papiloma humano. Elabora un ensayo científico con.

LA COHESIÓN LÉXICA

LECTURA DE ENTRADA: TERRORISMO (NPI pág. 159)
Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hacemos nosotros a ellos. Y vice­versa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Y depende también de qué tan fuerte o tan débil sea cada cual. El que tiene un bombardero, bombardea. El que sólo tiene una bomba, pone bombas.
Lo primero, lo de ellos y nosotros, lo ilustra una frase reciente de Kofi Annan, que en su calidad de Secre­tario General de las Naciones Uni­das, tan enemistadas entre sí, está crucificado en los contradictorios maderos de su organización. Dijo Kofi Annan, en la discusión sobre la definición de la palabra terrorismo: "El terrorismo del uno es el 'luchador por la libertad' del otro".
Lo segundo, lo de la relatividad del poder, lo ilustró hace 15 siglos San Agustín con una anécdota de casi 1000 años antes, referida a Alejan­dro Magno. Capturó este gran hom­bre a un miserable pirata, y le espetó indignado: "¿Por qué siembras el te­rror en el Golfo de Corintio?". Y le contestó el pirata (más o menos): "Y tú, ¿por qué siembras el terror en el mundo entero? A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmensa flota de navíos, te llaman emperador".
Es que no es fácil definir lo que es el terrorismo. ¿Por sus agentes? ¿Por sus fines? ¿Por sus métodos?
Sus agentes pueden ser el pirata o el emperador. La historia del mundo está plagada de piratas que, a fuerza de terror, acabaron siendo empera­dores. El más poderoso —y por el momento el único— de los empera­dores actuales, que es el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, es el heredero directo de unos seño­res hoy respetadísimos, porque triunfaron, que se llamaban Wash­ington, Jefferson, Adams, Madison; pero que de no haber triunfado en la empresa de liberar eso que hoy son Estados Unidos, de la corona ingle­sa, hubieran sido ahorcados como terroristas: ponían bombas. Vladimir Puttin, el presidente de Rusia, llama hoy terroristas a los chechenos que buscan su independencia poniendo bombas. Aquí en Colombia, para no ir más lejos, este gobierno actual que dice combatir el terrorismo es el he­redero de los que nosotros llamamos patriotas, pero en su momento fue­ron llamados bandidos por el gobier­no español contra el que se levantaron hace casi dos siglos: los liberta' dores. Los cuales, a su vez, también son agentes de terror.
La palabra, en su acepción política actual, viene de los "gobiernos establecidos" por la Revolución francesa: "La Terreur", con mayúscula. Y des­de entonces (y aun desde muchos milenios antes), el método ha sido usado por todos, en todas partes...
Y eso nos lleva a los métodos. Los romanos se quejaban, durante las guerras púnicas, de que los cartagi­neses usaran elefantes en las batallas terrestres, que aterrorizaban a sus le­gionarios; y de que usaran escorpio­nes en las batallas navales, que ate­rrorizaban a sus remeros. Pero ellos, a su vez, envenenaban los pozos de agua de las ciudades cartaginesas sitiadas. No hay métodos 'limpios' en la guerra: ni el avión suicida contra la torre, ni el cohete inteligente contra la cueva, ni el ántrax por co­rreo, ni la bomba atómica por orde­nador, ni los arcabuces con pólvora, ni las cerbatanas con dardos...
¿Y los fines, entonces? Tampoco ellos definen el terrorismo. No es más condenable ni maligno, en sí mismo, el fin de imponer la democracia occidental, que el fin de impo­ner la ley coránica. Es cuestión deopinión. O de interés, naturalmente. O ellos o nosotros...
Antonio caballero en revista Semana, Bogotá, '.octubre 200l.
La cohesión también puede establecerse entre palabras del texto. A esta forma de cohesión se denomina cohesión léxica.
Las relaciones semánticas entre el vocabulario que pueden establecerse en un texto pueden ser: la sinonimia, la antonimia la hiponimia la hiperonimia, las repeticiones. Sea el caso del texto:
Lo segundo, lo de la relatividad del poder, lo ilustró 5 siglos San Agustín con una anécdota de casi 1000 años antes, referida a Alejandro Magno.Capturó este gran hombre a un miserable pirata, y le espetó indignado: "¿Por qué siembras el terror en el Golfo de Corintio? " Y le contestó el pirata (más o menos): "Y tú, ¿por qué siembras el terror en el mundo entero? A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmen­sa flota de navíos, te llaman emperador".
En el fragmento, se menciona a Alejandro Magno como este gran hombre y emperador. Entre las dos palabras y el nombre propio existe una relación de sinonimia; los términos en el texto tienen un mismo significado: Alejandro Magno.
Ten en cuenta que los términos aparecen en oraciones diferentes, sólo así pue­de hablarse de cohesión léxica.
También las relaciones entre palabras pueden estar determinadas por las rela­ciones que se establecen entre la experiencia o conocimiento del mundo particular y los referentes de los términos en cuestión; sea el caso por ejemplo:
Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Y depende también de qué tan fuerte o tan débil sea cada cual. El que tiene un bombar­dero, bombardea. El que sólo tiene una bomba, pone bombas.
En el fragmento anterior, se establece la siguiente relación: el fuerte / tiene bombardero / bombardea el débil /tiene bombas /pone bombas
Los lectores pueden comprender las relaciones si saben, por su conoci­miento de la realidad, que la capacidad militar de un bombardero es mayor que la de una bomba. Así, si se tiene el conocimiento de lo que es una guerra, un bombardero y la diferencia entre poner una bomba y bombardear, en­tonces pueden establecerse dichas relaciones.
LA SINONIMIA: Es la relación semántica que expresa la identidad, similitud o parentesco de significado entre elementos lingüísticos diferentes. Recuerda que en la lectura el escritor utiliza una anécdota acerca de Alejandro Magno para ejemplificar "la relatividad del poder". Pero para evitar la repetición del nombre recurre a la sinonimia: este gran hombre, utilizado en la segunda oración, y emperador, en la última. La relación sinonímica se establece entre las pala­bras del texto.
LA ANTONIMIA: Es la relación semántica que expresa oposición o inversión de significado en­tre elementos lingüísticos diferentes. Las palabras no representan valores opuestos absolutos sino que son conceptos relativos. En el fragmento del texto modelo, terrorismo aparece como opues­to de justicia: Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hace­mos nosotros a ellos. Y viceversa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos. Esta oposición no se da en un plano literal sino en un nivel connotativo.
Mediante esta oposición, el escritor hace una crítica al manejo del conflicto por parte de Estados Unidos. La decisión de invadir Afganistán puede entenderse como un acto de justicia (desde el punto de vista norteamericano) o como un acto terrorista (desde la perspectiva del pueblo de Afganistán).
LA HIPONIMIA: Es una relación de inclusión semántica entre los significados de las palabras. La hiponimia expresa la relación incluido-incluyente. Por ejemplo, el significa­do de la palabra bomba está incluido en el significado de la palabra arma. Sea el caso del texto modelo:
A mí me llaman pirata porque sólo tengo un barquito. A ti, porque tienes una inmensa flota de navíos, te llaman emperador. El significado de barquito está incluido en el de flota de navíos.
LA HIPERONIMIA: Es la relación incluyente-incluido, es decir, el significado de un término (inclu­yente) abarca el significado de otro término (incluido). Sea el caso del texto modelo:
Y eso nos lleva a los métodos. Los romanos se quejaban, durante las guerras púnicas, de que los cartagineses usaran elefantes en las batallas terrestres, que aterrorizaban a sus legionarios; y de que usaran escorpiones en las bata­llas navales, que aterrorizaban a sus remeros. Pero ellos, a su vez, envenena­ban los pozos de agua de las ciudades cartaginesas sitiadas. La palabra métodos es el hiperónimo de elefantes, escorpiones y envenena­miento de los pozos de agua. El término métodos incluye a todos los demás.
LA REPETICIÓN: Es la recurrencia en el texto de una palabra. En muchas ocasiones, la repetición tiene el propósito de dar énfasis, como, por ejemplo, la repetición de la palabra terrorismo en el texto. Terrorismo es lo que nos hacen ellos a nosotros. Justicia es lo que les hace­mos nosotros a ellos. Y viceversa. Depende de quienes seamos nosotros y de quienes sean ellos...
Dijo Kofi Annan, en la discusión sobre la definición de la palabra terroris­mo: "El terrorismo del uno es el 'luchador por la libertad' del otro".
En el fragmento anterior, en tres oportunidades se menciona di­cha palabra. Además, aparece en el título y en párrafos posteriores. Ese uso reiterado del término no es casual, por el contrario, es intencional; mediante él, Caballero enfatiza en que su uso es relativo (y ambiguo) y depende de quiénes la utilicen como de la situación o el contexto en el que aparece.
CADENAS COHESIVAS: Gracias a nuestro conocimiento de la realidad y experiencia particulares, po­demos establecer relaciones entre conceptos que, a su vez, determinan rela­ciones entre palabras. Sea el caso del ejemplo que expuesto al comienzo: el fuerte / tiene bombardero / bombardea el débil / tiene bombas /pone bombas
Este tipo de relaciones resultan familiares y esperadas gracias a la conceptualización de la realidad. Sin embargo, a veces se establecen conexiones bastante inesperadas. Por ejemplo las relaciones léxicas que hace Caballero con la palabra terrorismo:
Sus agentes pueden ser el pirata o el emperador. La historia del mundo está plagada de piratas que, a fuerza de terror, acabaron siendo emperadores... Vladimir Puttin, el presidente de Rusia, llama hoy terroristas a los chechenos que buscan su independencia poniendo bombas. Aquí en Colombia, para no ir muy lejos, este gobierno actual que dice combatir el terrorismo es el heredero de los que nosotros llamamos patriotas...
Caballero establece relaciones inesperadas a partir del término terrorismo: pirata o emperador, independentistas, patriotas. Para comprender estas rela­ciones no basta con el conocimiento que se tenga de la realidad, no es sufi­ciente con conocer el significado de las palabras; hay que entender el contexto en que aparece el término, cómo se lo utiliza y la intención de ese uso.
En general, este tipo de conexiones inesperadas funcionan como procedi­mientos retóricos o estilísticos. El escritor tiene la intención de cuestionar el uso que se hace de ciertos términos por parte del poder y, al mismo tiempo, generar en el lector una actitud crítica frente al lenguaje.
TALLER DE APLICACIÓN:
1. Identifica la cohesión léxica por repetición en el siguiente fragmento. Determina la intención del na­rrador.
"El hombre empezó a correr por toda la calle y de pronto se detuvo para tratar de recordar hacia dónde corría; así que sin lograrlo siguió corriendo; durante toda la juventud no había dejado de correr. Corría cuando salía del baño. Corría cuando salía del colegio, corría cuando salía del cine, corría cuando salía del café y corría cuando entraba en el baño..." Andrés Elias Flórez, La carrera, en Los perseguidos, Bogotá, Colección la biblioteca de Alejandría, 1997, pág. 11.
2.Determina la cadena léxica que se presenta en el siguiente fragmento aparecido en la revista Sema­na. ¿Cuál fue el conocimiento que necesitaste para establecer la relación?
Neil Armstrong no había pisado la Luna cuando la historia de Macondo y la familia Buendía apareció en los quioscos de Buenos Aires. El 5 de junio de 1967, salió a la venta la primera edición de Cien años de soledad. Después de entonces, la magia de este universo construido con mariposas amarillas, pescaditos de oro, muertos errantes, gitanos... ha hechizado a millones de lectores alrededor del mundo.

sábado, 13 de febrero de 2010

RECURSOS DE COMPOSICIÓN

LECTURA DE ENTRADA: EL HOMBRE DE LA CARAVANA DE LA MUERTE
Aún en un momento de descan­so, el hombre que acaba de ter­minar su yogur natural sentado en su escritorio de metal negro está tan empeñado en borrar su vida pasada que cuando alguien que tiene ese pa­sado en mente se inclina hacia él y le pregunta en voz baja: "Disculpe, ¿es usted el señor Fernández?", él ba­ja la mirada y niega su identidad. "No, señor", responde.
Regreso a mi silla corriente de vinilo y cromo, ubicada contra la pared de esta oficina de reparación de carroce­rías de automóviles. Tal vez no es él. ¿Cómo puedo estar seguro? Este hom­bre luce tan distinto de aquel que aparece en las escasas fotografías que le tomaron en su momento de gloria cuando servía en la policía secreta chilena, y en los recortes de prensa de 1987 cuando se declaró culpable co­mo cómplice del acto terrorista más odioso cometido en la historia de la capital de Estados Unidos.
Después de todo, el funcionario que aparece en las fotografías, el oficial de la temida DINA, tenía una abun­dante y brillante cabellera negra, no usaba anteojos y poseía el rostro re­dondo de un adolescente bien ali­mentado. El hombre que tengo ante mí, en cambio, es calvo, excepto por una banda de pelo en la parte poste­rior de la cabeza. Su rostro es delgado y lleva unos anteojos redondos con marco de acero, posados sobre una nariz aguileña, que le dan un ai­re de contador o de bibliotecario.
Por ahora su compostura se está des­vaneciendo rápidamente. Se mueve en su silla evadiendo adrede la mira­da. Cuando se levanta, me doy cuenta de que tiene los puños apre­tados. Camina con pasos tiesos para pasar de la oficina al taller mismo. Cuando lo sigo al área de trabajo, la cual semeja un hangar, al penetrar en el espacio en el cual vibran los impactos de los martillos de caucho y los sonidos de los aparatos de repa­ración de carrocería, así como el olor de la pintura fresca, un aire de resignación desciende sobre él. Fi­nalmente se rinde y reconoce la ver­dad: sí, él es el ex mayor Armando Fernández Larios, prófugo de la jus­ticia chilena y huésped del gobierno de Estados Unidos.
En 1990, antes de abandonar el po­der casi absoluto que hasta entonces tenía Augusto Pinochet, tomó una serie de medidas con la confianza de que le iban a garantizar que jamás tendría que someterse a juicio por su participación en las ejecuciones su­marias, la tortura, el secuestro y el encarcelamiento extrajudicial de va­rios millares de compatriotas. Intro­dujo cambios constitucionales que lo harían senador vitalicio, no por­que quisiera tomar parte en la crea­ción de leyes o en su debate, sino porque el cargo le brindaba inmuni­dad parlamentaria.
En una sentencia sin precedentes, el 8 de agosto la Corte Suprema de Chile despojó a Pinochet de esa pre­rrogativa, y permitió que fuera lla­mado a juicio.
Armando Fernández, de 51 años, ad­ministrador de un negocio de repa­ración de automóviles del oeste de Miami, y otrora asesino, también to­mó medidas a finales de los años ochenta con el propósito de evitar, en un futuro impredecible, un juicio bajo cargos de haber cometido atro­cidades. Hasta el momento su plan, en el cual entró a participar decidi­damente el gobierno de Estados Unidos como proveedor de refugio, ha funcionado mejor que el del ex dictador. (Douglas Grant Mine, en revista Gatopardo, noviembre de 2000,)

Los recursos de composición son la manera de expresar una idea. Está relacionado con el propósito textual, es decir, con la necesidad de organizar las ideas en función de una intención. El contenido se amolda al modelo que el escritor crea más conveniente. La eficacia de un mensaje reside en el acierto del recurso escogido. Por ejemplo, si se desea decir cómo es una persona, se describo; si se quiere contar cómo se cono­ció, se narra; si se quiero demostrar por qué es buen amiga, se argumento; pero si se quiere decir qué nivel de preparación profesional tiene, se expone.
Recursos básicos de composición
La descripción: describir es "mostrar" con palabras, para lo cual se "dibuja" verbalmente el referente aludido (cosa, persona, animal, lugar, etc.). Su pro­pósito es involucrar al lector con lo que se escribe, hacerle la lectura más concreta, más viva. Una buena descripción enriquece las ideas con detalles y minucias, exige un amplio vocabulario y gran capa­cidad de observación.
La narración: la esencia de la narración está en la acción, en la secuencia ordenada de eventos, por eso, verbalmente predominan en ella los verbos y expresiones o enlaces como: cuando, entonces, finalmente, luego, etc. Su propósito es relatar una serie de acontecimientos para hacerle vivir al lector una escena, para ambientar un tema, para sustentar una idea, introdu­cir una conclusión. Es un recurso muy cinematográfico.
La argumentación: el propósito fundamental de este recurso es sustentar, defender o demostrar una idea (tesis) a partir de otras ideas (argumentos). En la argumentación, el escritor define una posición personal frente a un tema y la desarrolla de manera coherente. Como parte de los mecanismos de sustentación, están la descripción, la narración y la exposición.
La exposición: la exposición tiene un propósito declarativo, simplemente enuncia información. Busca hacer concreto un tema; por ello, expresa datos, fechas, hechos, evidencias, características, conceptos. Es una herramienta importante al momento de argumentar. No admite la subjetividad, es más de carácter noticioso.
TRABAJO: Escribe un texto en el que apliques por lo menos tres de los recursos vistos.